El Cielo y el Infierno Testimonios
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The Way to Jesus

Ministerio Luz para las Naciones presenta:
UNA REVELACION DEL
CIELO Y DEL INFIERNO A SIETE JOVENES
Due to the recording, we could only record 6 testimonies,  Illustrations/Pictures were added later,
and were not part of the testimony,  Translation help by Claudia Alejandra Elguezabal

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  -Heaven-
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--Hell--
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Revelación del Cielo
Para el testimonio del infierno:Click aquí
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--- (Primer Testimonio) ---

La Biblia dice en 2da de Corintios 12:2-4 "Conozco a un hombre en Cristo, que hace 14 años, si en el cuerpo no lo sé, si fuera del cuerpo no lo sé, Dios lo sabe, fué arrebatado hasta el tercer cielo, y conozco a tal hombre, si en el cuerpo o fuera del cuerpo no lo sé Dios lo sabe, que fué arrebatado al paraíso donde oyó palabras inefables que no le es dado al hombre expresar".

HeavenNosotros nos encontrábamos en la habitación cuando ocurrió la primera experiencia. El Señor entró nuevamente de una manera poderosa. Su presencia lo llenó todo, Su presencia lo iluminó todo: aquella habitación se llenó de Su gloria. Era hermosísimo estar delante de Él. Entonces nos dijo: "Hijos ahora les voy a mostar mi Reino, les voy a mostar mi gloria". Y nosotros inmediatamente nos tomamos de las manos y comenzamos a subir. Yo miré hacia abajo y vi que estábamos saliendo de nuestro cuerpo, mientras nos encontrábamos ya vestidos con unos mantos blancos, aunque nuestros cuerpos se quedaron ahí. Después comenzamos a subir a una velocidad muy grande e inmediatamente llegamos a un par de puertas que marcaban la entrada al Reino de los Cielos. Estábamos maravillados por lo que nos estaba ocurriendo mientras Jesús, el Hijo de Dios, estaba ahí con nosotros.
Había dos ángeles.  Cada uno tenía 4 alas. Mientras nos hablaban, no entendíamos lo que ellos nos decían, pues su lenguaje era muy distinto al de nosotros. Ni siquiera era un idioma parecido a los de la tierra, pero comenzaron a darnos la bienvenida al Reino de los Cielos y abrieron aquel par de puertas inmensas.
Al cruzar el umbral nuestra vista se perdió en algo maravilloso: un prado inmenso, glorioso y muy hermoso. Comenzamos a ver distintas cosas, recuerdo que apenas entramos, una paz llenó nuestra alma por completo. La Biblia dice que Dios nos daría una paz que sobrepasa todo entendimiento humano. Lo primero que yo ví fue un venado y le pregunté a una de mis compañeras: "Sandra, usted está viendo lo mismo que yo veo?". Ella ya no estaba llorando ni gritando como cuando vimos el infierno, ella me miró sonriendo y dijo: "Si, Esaú: estoy viendo un venado!". Con esa palabra pude entender y pude confirmar que era real, ciertamente estabamos allí en el Reino de los Cielos!
Aquel horror del infierno se nos había olvidado por completo y estábamos allí gozando de la Gloria de Dios. Entramos y pudimos acercarnos hasta donde estaba aquel venado. Detrás había un árbol, un árbol inmenso que estaba en el centro de aquel paraíso. La Biblia dice en Apocalipsis 2 versículo 7: "Al que venciere, le daré a comer del árbol de la vida, que está en el paraíso de Dios". Este árbol es un símbolo de Jesús porque Cristo es la vida, la Vida Eterna. Detrás de aquél árbol había un río de aguas tan transparentes, tan cristalinas como nunca habíamos visto en la tierra. Nosotros queríamos quedarnos en aquel sitio, le clamábamos muchas veces al Señor y le decíamos: "Señor por favor, no nos saques de este lugar, queremos estar aquí para siempre! No queremos volver a la tierra!". Y el Señor Jesús solamente nos decía: "Es necesario que ustedes vean y cuenten y den testimonio de lo que yo tengo preparado para los que me aman, porque vengo pronto y mi galardón conmigo!". Así nos decía el Señor.
Cuando vimos aquel río, salimos corriendo apresurados a sumergirnos en sus aguas. Como nos dice la Biblia, el que cree en Cristo, de su interior correrán ríos de agua viva. Y este río que estábamos viendo, sus aguas parecían tenerla, así que nos sumergimos en ellas. Tanto dentro del agua como fuera de ella podíamos respirar normalmente. Aquél río era muy profundo, habían muchos peces de muchísimos colores y la luz dentro del río y fuera de él era normal. En ese lugar, ubicado en el Reino de los Cielos, no vimos que la luz proviniera de algún sitio, sino que todo era muy iluminado. La Biblia dice que Cristo es la Luz de la ciudad.
Tomamos aquellos peces en nuestras manos y al sacarlos, descubrimos que  no morían, así que
le preguntamos al Señor : "Señor Jesús, porqué al sacar estos peces del agua, no mueren?". El Señor sonreía y nos respondía diciendo: "Aquí no existe la muerte, ni el dolor, ni el llanto".
Pero cuando salimos de aquel río, todos corrimos hacia muchos lugares. Queríamos tocarlo todo, experimentarlo todo, queríamos traerlo todo a casa. Estábamos maravillados. Las cosas que vimos en el cielo no se pueden explicar. El apóstol Pablo también fué arrebatado, pero él vio cosas que no pudo jamás expresar.  La grandeza de aquellas cosas que hay en el Reino de los Cielos es casi indescriptible.

Llegamos rápidamente a un lugar inmenso, un lugar maravilloso, un lugar de muchas piedras preciosas, un lugar donde todo era de oro o de esmeraldas, o de rubíes o de diamantes. El piso era de oro puro también. Llegamos a un lugar donde había tres libros. Estos eran muy grandes, el primero de ellos era un Biblia de oro. Las Escrituras dicen en el libro de los Salmos que la Palabra es eterna y que la Palabra de Dios permanece en los cielos para siempre. Lo que estábamos viendo no era otra cosa sino una Biblia de oro muy grande. Sus páginas, su escritura, su pasta, todo era de oro puro.
El segundo libro que también pudimos ver, era un libro más grande que la Biblia. Este libro estaba abierto. Un ángel estaba sentado escribiendo con una pluma sobre él. Con el Señor Jesús nos pudimos acercar hasta donde estaba aquel ángel y lo que pudimos ver es que estaba escribiendo todas las cosas que estaban sucediendo en la Tierra, todo lo que la Humanidad hacía. El día, la fecha y la hora quedan escritos ahí, para que se cumpla la Palabra en donde dice que "en aquel día los libros fueron abiertos y todas las personas, todos los hombres fueron juzgados conforme a las cosas que se hallaron escritas en aquel libro. Este ángel estaba escribiendo todo lo que la gente hacía en la Tierra, fuese bueno o malo.
Nos apartamos hasta donde estaba el tercer libro. Este libro era más grande aun que el libro de los "Hechos". Estaba cerrado, pero nos acercamos hasta él y pudimos tomarlo entre nosotros siete y lo levantamos por orden del Señor. Lo colocamos sobre una columna que ahí había. Qué maravilloso que en el Reino de los Cielos las columnas no eran como las de la tierra, sino que eran como trenzas con distintas piedras preciosas. Habían algunas de diamantes, otras de esmeralda pura, otras eran de oro, otras tenían combinaciones de piedras preciosas, pero ahí pude entender, por fin pude comprender que Dios es el dueño de todo el oro y de la plata, Él dijo : "..Mío es la plata y mío es el oro". Ahí comprendí que Dios es absolutamente rico, que es dueño de todas las riquezas del mundo y ahí pude entender también que el mundo y su plenitud le pertenecen a nuestro Dios y que Él quiere darlo todo a aquellos que le pidan con fe. Él dijo: ..."Pídeme y te daré por herencia las naciones".
Este tercer libro que colocamos sobre aquellas columnas, al abrirlo era tan grande que para pasar de una página a la otra teníamos que caminar. Intentamos leer aquel libro pues el Señor nos decía: "Lee porque yo te doy...". Y nosotros como que no entendíamos la escritura de aquel libro, no era una escritura terrenal, no se parecía a ningún idioma sobre la tierra, era algo plenamente celestial, pero nosotros por el Espíritu de Dios podíamos entender, podíamos comprender y de repente como que una venda se quitó de nosotros siete y pudimos leer tan claro
las páginas de aquél libro como leer el Español y pudimos comprobar que ahí estaban escritos los nombres de nosotros siete. Este libro no era otro sino el propio Libro de la Vida! Tal y como nos dijo el Señor, al comenzar a leer descubrimos que aquellos nombres no eran los mismos con los que se nos llamaba en la tierra, sino que eran unos nombres nuevos, para que se cumpliese lo que la Palabra dice que Dios nos daría un nombre nuevo, el cual nadie sabe ni conoce sino solamente aquél que lo recibe. Nosotros pudimos pronunciar nuestros nombres, pero una vez que regresamos a la tierra, una vez que el Señor nos hizo descender a la tierra, aquellos nombres se borraron de nuestra mente y de nuestro corazón, ya que la Palabra de Dios es eterna y tiene que cumplirse.

Amigos, la Biblia dice: ".... no permitas que nadie tome tu corona". No permitas que nadie quite o usurpe el lugar que Dios tiene escogido para tí. Allí hay millones de cosas maravillosas que no pudimos nunca hablar ni poder expresar con nuestra boca, pero te digo algo, Dios está esperando por tí. La Palabra dice que "aquel que persevere hasta el fin y solamente éste, éste será salvo"!


--- (Segundo testimonio) ---

Cuando comenzamos a subir al Reino de los Cielos, llegamos a un lugar muy hermoso! Habían unas puertas preciosas; ahí en esas puertas habían dos ángeles que comenzaron a tener un diálogo, pero este diálogo era en un idioma angelical, no podíamos entender lo que se decían. Pero el Espíritu Santo que iba con nosotros nos permitió entender estas cosas que decían: nos estaban dando la bienvenida por haber podido llegado a este lugar. Cuando estuvimos ahí en esas puertas el Señor Jesucristo, colocó sus manos sobre ellas y las abrió. Nosotros no hubieramos podido entar en ese lugar si no hubiera sido porque íbamos de la mano del Señor.

Comenzamos a apreciar todo lo que había en aquel lugar. Nuestros ojos se maravillaban de todo lo que estábamos observando. Vimos un lago gigantesco. Un árbol allí plantado era el árbol del que hablaba la Palabra de Dios: era el árbol de la Vida. Después nos dirigimos hacia el lago y vimos que debajo del agua se movían unos peces. Era tanta la maravilla que estábamos viendo que mis compañeros y yo decidimos sumergirnos. Comenzamos a nadar y vimos cómo muchos peces se movían de un lado a otro mientras nos acariciaban. Estos peces no huían de nosotros como normalmente lo sentimos aquí en la tierra, sino que allí la presencia del Señor les daba la tranquilidad para que ellos viniesen hacia nosotros. Sabían que no les haríamos ningún daño. Fue tanta la maravilla experimentada que yo tomé uno de estos peces en mis manos y lo saqué mientras me daba cuenta cómo éste se quedaba quietecito allí apreciando la presencia del Señor. Después de colocarlo nuevamente en el agua, observé que a lo lejos habían unos caballos blancos. Como dice la Palabra Jesus on the white horsede Dios en Apocalipsis 19:11, el que los va a montar se llamará Fiel y Verdadero y son los caballos en donde el Señor va a regresar para arrebatar a su pueblo, a su Iglesia. Yo me dirigí hacia estos caballos y comencé a acariciarlos. El Señor me acompañó y me permitió que montara en uno de ellos. Cuando comencé a cabalgar, sentí por primera vez algo indescriptible: sentí la paz, la libertad, el amor y la santidad que se vive allí en aquel lugar tan precioso. Comencé a disfrutar de todo lo que podían ver mis ojos, comencé a disfrutar de ese hermoso paraíso que Dios ha preparado para nosotros. Pudimos ver la mesa que está servida, esa mesa que no tiene ni principio ni final. Vimos no sólo las sillas, sino las coronas que están preparadas para nosotros. Esas coronas que están ahí para que las poseamos, esas coronas de vida eterna! Vimos allí los manjares que están servidos para que cuando lleguen las Bodas del Cordero, podamos comer de ellos, esos manjares que Dios también ha preparado para nosotros.
Vimos a unos seres angelicales que con unas telas blancas preparaban los mantos que Dios está reservando para nosotros. Me maravillaba de todo lo que podía ver allí en aquel lugar y aún trataba de mirar a todos lados. Por algo dice la Palabra de Dios que tenemos que recibir el Reino de Dios como niños. Nos volvimos niños en aquel lugar. Comenzamos a disfrutar de todo lo que había allí, las flores, las moradas que Dios ha preparado y a las cuales nos permitió entrar.

The banquet tableEn ese momento nos dirigimos hacia un lugar donde había muchos niños y el Señor  comenzó a compartir y a jugar  con cada uno de ellos. Comenzó a estar allí en medio de todos y le dedicaba el tiempo suficiente a cada uno y disfrutaba con ellos. Nosotros nos acercamos al Señor y le dijimos: "Señor estos niños son los que van a nacer allí en la tierra?". Y el Señor dijo: "No, estos niños son los que son abortados en la tierra". En ese momento me estremecí, por que dentro de mí había una voz que me hacia recordar  algo que yo había hecho en el pasado . En el tiempo que yo no conocía al Señor compartí con una mujer y ella quedó embarazada. Yo no sabía que hacer, le pedía a ella que me diera un tiempo para reflexionar y tomar decisiones. Cuando quise hablar con ella ya había sido muy tarde, porque ella ya había abortado, eso había marcado mi vida para siempre. En  ese entonces  yo no había recibido al Señor, yo no me sabía perdonar ese error que había cometido en mi pasado, pero Dios iba a sellar esa herida y me permitió que entrara hacia ese lugar: "Ariel, ves a esa niña que esta allí? esa niña es tu hija". Cuando me dijo esto comencé a sentir cómo  esa herida que había estado durante mucho tiempo allí se cerraba, me permitió que yo me dirigiera hacia ella y que ella viniese hacia mí y yo la pudiere tomar en mis manos, pudiera ver sus ojos y pudiera escuchar de su boca una palabra que me dijo: "Papá". Comencé a comprender y a sentir que Dios había extendido su misericordia y que me había perdonado y que yo tenía que aprender a perdonarme a mí mismo.

Querido amigo que me escuchas, yo te quiero decir algo: Dios ya perdonó tus pecados, ahora tienes que aprender a perdonarte a ti mismo. Le doy gracias a Dios por permitirme contar este testimonio y llevar esta palabra a cada uno de ustedes. Señor Jesucristo te doy la honra y la gloria, porque este testimonio es tuyo,  tú  nos permitiste recibir esta revelación. Espero que cada uno de mis hermanos que me escuchó reciba la bendición de este testimonio y la lleve a muchos lugares.

Que el Señor te bendiga!


--- (Tercer testimonio) ---

"Quitará Dios toda lágrima de los ojos de ellos y ya no habrá muerte ni habrá más llanto, ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas pasaron". Cuando nosotros llegamos se abrieron unas puertas grandes y vimos un valle de flores preciosísimo y su aroma era exquisito. Empezamos a caminar y cuando entramos tuvimos una sensación de libertad inmensa, algo que tal vez  no habíamos sentido o experimentado aquí en la tierra. Sentíamos mucha paz, algo que invadía todo nuestro corazón,  seguíamos caminando y comenzamos a ver estas flores.  Eran  preciosas, únicas, cada pétalo era diferente, con  un color único. Le dije dentro de mi corazón a mi Señor que quería tener una flor de éstas, simplemente el Señor con sus gestos y con su boca nos dijo que sí podíamos tomarla. Cuando  nos acercamos a ellas y quisimos arrancarlas, simplemente no pudimos, no  salían de la tierra, seguía intacta, no se le dañaban los pétalos, ni se le dañaban las hojas, simplemente estaba allí.
Seguiamos intentando halar las flores y fue cuando el Señor rompió el silencio diciendo: "Aquí todo se hace con amor". Y simplemente colocó su mano y la flor se rindió ante Él. Nos la entregó a nosotros.
Seguíamos caminando allí y este aroma seguía con nosotros, el aroma de este hermoso jardín. Llegamos a un sitio donde habían unas puertas muy hermosas,  no eran comunes, tenían piedras preciosas incrustadas y se abrieron cuando llegamos. Frente a nosotros apareción un salón , había una cantidad de gente donde todos corrían con afán, unos llevaban sobre sus hombros como unas telas blancas, resplandecientes, otros llevaban unos hilitos de oro, otros llevaban como unas bandejas con algo sobre ellas, eran como unos escudos y todos corrían con mucho afán. Nostros le preguntamos al Señor que por qué había tanto afán, que nos dijera qué estaba preparando esa gente.  El Señor hizo acercar a un joven  que  tenía una tela sobre sus hombros y simplemente miró al Señor  Cuando el Señor le preguntó para qué era esa tela, el simplemente lo seguía mirando y dijo: "Señor, tú sabes para qué son estas telas, estas telas son para fabricar los mantos de los redimidos, los mantos de la gran novia. En ese momento sentimos como una alegría, una paz. La palabra de Dios nos dice que "A ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio, resplandeciente, por que el lino fino son las acciones justas de los santos" Apocalipsis 19:8.

Cuando salimos de ahí sentíamos inmensa paz,  era grandioso saber  que Dios estaba fabricando algo precioso para nosotros, que Él  simplemente tiene el espacio y el tiempo, simplemente porque somos  importantes para Él.

Salimos de allí y nuestra vista se perdía en cada cosa, en cada detalle del cielo, cada cosa tenía como vida propia,  cada objeto que había ahí solamente hablaba de  la gloria de Dios.

Llegamos a un sitio donde había millones de niños de todas las edades, cuando llegó el Señor todos los niños quisieron abrazar a Jesús, quisieron sentir más de cerca su amor, porque  esa era la pasión de todos ellos.   Nosotros sentímos inmensas ganas de  llorar por  la misma alegría de ver como el   Señor consentía a cada uno de ellos,  les daba besos y les acariciaba sus manos.  Vimos como ángeles se le acercaban a Él y traían más ninos pequeñitos,  bebés, envueltos como en un lino para presentarlos ante Él y el simplemente los acariciaba, les tocaba su mejilla y les daba un beso en la frente. Los  ángeles se los llevaban, nosotros nos acercabamos hacia el Señor y le preguntamos a Él por que tenían tantos niños , si esos niños eran los que iban a mandar a la tierra, El Señor quebrantó su voz por un instante y dijo: Jesus with the Children"No, estos niños no son enviados a la tierra, son los que son abortados, los que no quieren ellos en la tierra esos son mis niños y yo les amo". Yo incliné mi rostro y tembló mis voz para hacerle una pregunta, porque cuando yo no conocía al Señor, cuando yo no conocía la gran vida que era Él,  como toda persona cometía errores y pecados, entre esos aborté.  Llegó el momento que tenía que estar cara a cara con el Señor y simplemente le hice una pregunta: "Señor aquí esta el bebé que un día aborté?". El Señor me dijo: "Sí". Y simplemente empezamos a caminar para un lado, y empecé a ver un niño  pequeno y precioso. Al pie del niño había un ángel, el ángel miraba al Señor y el niño me daba la espalda, en ese momento el Señor me dijo: "Mira allí esta tu niño". Me quise acercar y corrí hacia él, pero el ángel con su mano simplemente me detuvo, el me mostró que tenía que escuchar al niño.  En  ese instante empecé a escuchar la voz de este pequeño, él decía mirando hacia  los demás niños: "Ya casi viene mi papi y mi mami?". Le preguntaba al ángel. El ángel mirándome le contestó y le dijo: "Si!, ya casi viene tu papá y tu mamá".  Tal vez no tengo cómo sustentar esta palabra, pero solamente se en mi corazón, que fue el mejor regalo que Dios me pudo dar, este nené no lo decía con odio, no lo decía con ira, no lo decía con dolor por no haberle permitido nacer, simplemente esperaba con el amor que Dios había colocado en su corazón.
Seguíamos caminando pero mientras  yo me alejaba de este bebé simplemente guardaba en mi corazón una pequeña imagen de él, un  recuerdo  y sé que cada día tengo que esforzarme más para estar allá con él. Ya  tengo un motivo más, porque sé que  alguien me espera en el reino de los cielos. La palabra nos dice en Isaías 65:19 "Y me alegraré con Jerusalén y me gozaré con mi pueblo, y nunca más se oirá en ella voz de lloro y ni voz de clamor, no habrá más allí niños que mueran de pocos días". Nos trasladamos a un lugar donde habían unos montes pequeños y venía el Señor Jesús danzando y al frente de Él una multitud con vestiduras blancas y alzaban sus manos con olivos verdes que al moverlos destilaban aceite. Dios tiene cosas grandes para ti, Dios ha preparado grandes maravillas y privilegios para tí, es tiempo de que coloques tu vida delante de Él.

Que Dios les bendiga.


--- (Cuarto testimonio) ---

En el reino de los cielos vimos cosas maravillosas como lo dice la palabra de Dios en 1era de Corintios 2:9 dice :"Antes bien como está escrito, cosas que ojo no vió ni oido oyó, ni han subido a corazón de hombre, son las que Dios ha preparado para los que le aman".

En el momento en el que llegamos al Reino de los Cielos fué algo increíble y espectacular, ver tantas cosas, tanta maravilla el sentir la gloria de Dios allí! Llegamos a un lugar muy especial, un lugar donde había muchos niños, podría decir que habían millones de niños de diferentes edades. El Cielo estaba dividido como en secciones. Había una especie de sala-cuna, vimos niños como de 2, 3, y 4 años, y nos dimos cuenta que allí los niños van creciendo. También vimos una escuela donde se les enseña la Palabra de Dios, se les enseñan cánticos espirituales y como glorificar al Señor Jesús. Esto está a cargo de los ángeles. Cuando el Señor Jesús llegó a aquél lugar, nos podíamos dar cuenta de la alegría tan inmensa de nuestro Rey, de Jesús de Nazaret, aunque no podíamos ver su rostro, pero podíamos ver cómo su sonrisa invadía aquél lugar. Cuando veía a aquellos niños, los niños se abalanzaban sobre Él. Pudimos ver en medio de aquellos niños a María, la madre terrenal de Jesús. Era una mujer hermosa, no la vimos en un trono ni vimos que nadie la estaba adorando, sino que era una mujer más, una persona más que había llegado al Reino de los Cielos y que tuvo que ganar su boleto para la vida eterna. Era una mujer hermosa, tenía un manto blanco, en su cintura se ceñía un cinto dorado y su cabello estaba hasta la cintura. Esta mujer estaba allí en medio de aquellos niños. Hemos escuchado a mucha gente aquí en la tierra que adora a María como la madre de Jesús, pero yo quiero decirte amigo, que la Palabra de Dios dice : "Yo soy el camino, la verdad y la vida, nadie viene al Padre sino por mí". Que la única entrada para el Reino de los Cielos es Jesús de Nazaret.
También en este lugar nos pudimos dar cuenta que no había sol, no había luna, y la Palabra de Dios nos dice en Apocalipsis 22:5 "No habrá allí más noche, y no tienen necesidad de luz de lámpara ni de luz de sol por que el Dios el Señor la iluminará". Y nos pudimos dar cuenta en aquel lugar, la gloria tan preciosa de Dios. Si el infierno es difícil de describir, aún más las cosas celestiales, la perfección de nuestro Creador. Cuando estábamos en aquel lugar lo único que hacíamos era correr, queríamos saber todo lo que había allí! Podíamos acostarnos en aquel prado y podíamos sentir la gloria de Dios, aquel silbido apacible, aquel viento que acariciaba nuestro rostro... era algo increíble.

En medio del cielo, en la mitad del cielo, vimos una cruz inmensa, una cruz en oro puro. Pero ésto, nosotros creemos y estamos convencidos que no era un símbolo de idolatría, sino como símbolo que a través de la cruz del Calavario, que a través de aquel sacrificio de Jesús de Nazaret, tenemos entrada al Reino de los Cielos.

Seguíamos caminando por aquél lugar, era algo fascinante poder estar a los pies del Señor Jesús, allí pudimos conocer en realidad quién era el Dios al que nosotros servíamos: a ese Jesús de Nazareth. Todos nosotros de pronto pensamos que allá arriba estaba Dios esperando a que nosotros pecáramos y caigamos, para Él mandarnos al infierno. Pero en realidad no es así. Nosotros vimos la otra cara de Jesús, aquél Jesús que es amigo, aquél Jesús que cuando tú lloras Él llora al pie tuyo, aquel Jesús de amor, de perdón y de misericordia. Aquel Jesús que nos recibe en Su mano para ayudarnos a seguir este camino hacia la salvación. El Señor Jesús nos permitió también ver a un personaje de la Biblia:  pudimos ver al rey David, aquel rey David del que nos habla la palabra de Dios. Era un hombre de hermoso parecer, era alto, en su rostro reflejaba la gloria de Dios y todo el tiempo que estuvimos en aquel lugar,  lo único que David hacía era danzar y danzar y remolinear y darle la honra y la gloria a Dios.

Yo te quiero decir amigo hoy que tú estás escuchando este testimonio, dice la palabra de Dios en Apocalipsis 21:27 "No entrará en el reino de los cielos ninguna cosa inmunda o que hace abominación ni mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida".Y quiero decirte también que los valientes arrebatan el reino de los cielos.

Que Dios te bendiga.


--- (Quinto Testimonio) ---

"Por que es necesario que todos nosotros comparezcámos ante el Tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo" 2da de Corintios 5:10.

Cuando estabamos allí en el reino de los cielos pudimos divisar aquella Jerusalén acerca de la cual nos habla la Palabra en Juan 14:2 "En la casa de mi Padre muchas moradas hay, si así no fuera yo no os lo hubiera dicho, voy pues a preparar lugar para vosotros".

New JerusalemNosotros pudimos estar allí en esta ciudad y entrar en ella. La Palabra nos dice que su material era de jaspe pero que la ciudad era de oro puro semejante al vidrio limpio, nosotros la vimos y realmente es maravillosa. Sabes, Jesús fué a preparar estas moradas para nosotros. Ciertamente no sólo pudimos estar allí, sino que entramos y vimos cada una de estas moradas. Las casas tenían enfrente un nombre escrito de la persona a quien va a pertencer esta casa. Esta ciudad aún no está habitada, pero ya está preparada para nosotros. Pudimos entrar a estas casas y ver todo lo que había allí, pero al salir olvidamos por completo lo que acababamos de ver! Lo que sí recordamos es que las columnas que tienen estas moradas son contorneadas, en diferentes tipos de piedras preciosas. Eran de oro puro, pero el oro de esta ciudad, tal y como habla la Palabra, es casi transparente, demasiado brillante. Si el oro de la tierra es hermoso, no es posible compararlo con la hermosura del oro que hay en el cielo. Después de esto fuimos dirigidos hacia un lugar donde había muchísimos cofres. Dentro de ellos habían lágrimas cristalizadas. Estas lágrimas son aquellas lágrimas derramadas por los hijos de Dios aquí en la tierra, pero no son lágrimas de queja, sino son esas lágrimas que derramas cuando estás en la presencia de Dios. Son lágrimas de arrepentimiento y de agradecimiento. Dios las tiene guardadas como un precioso tesoro allí en el Cielo, tal y como lo menciona el Salmo 56: 8. También pudimos llegar a un lugar donde había muchísimos ángeles. Aunque en todo el cielo había diferentes tipos de ángeles, en este lugar había un tipo especial. Vimos que Jesús tiene para cada uno de nosotros un ángel específico que nos acompaña durante toda nuestra existencia. Jesús nos presentó a cada uno nuestro ángel. Pudimos conocer algunas cosas de cada uno personalmente, pero Él nos dijo que estas cosas no las podríamos revelar. El Salmo 91:11 dice "Pues a sus ángeles mandará acerca de tí para que te guarden en todos tus caminos".

Luego fuimos hacia otro lugar en donde habían muchos casilleros. En cada uno habían flores, flores diferentes, flores que estaban bastante abiertas, que eran preciosas, eran muy hermosas estaban radiantes; habían otras flores que estaban un poco decaídas y habían otras flores que simbólicamente parecían marchitas. Y le preguntamos a Jesús qué significaba todas aquellas flores y entonces Él nos dijo: "Mira, es que para mí, tú eres como una flor". Y entonces tomo una de aquellas flores que estaba resplandeciente y dijo:"Esta flor muestra el estado de tu comunión conmigo". Luego de esto la dejó allí y tomó otra de estas flores, una que estaba un poco decaída y entonces Él dijo: "Mira, esta persona está teniendo una prueba, una dificultad, hay algo que está interrumpiendo su comunión conmigo. Sabes qué hago yo cuando estas flores están decaídas para que vuelvan a estar resplandecientes?". Y entonces tomándola en su mano dijo: "Riego mis lágrimas sobre ellas y las levanto". Y vimos como de una manera poderosa esta flor comenzó a tomar vida una vez más, y sus colores aparecieron nuevamente, luego simbólicamente tomó una de aquellas flores marchitas y la lanzó al fuego y dijo: "Mira, esta persona me había conocido y se apartó, ahora muere sin mí y es lanzada al fuego".

Cuando salimos de aquel lugar, pudimos ver que había un castillo muy hermoso, lo veíamos muy pero muy lejos, y notábamos algo particular, era que nadie se artrevía a acercarse hacia aquel castillo, y creemos que es del que nos habla la Palabra en Apocalipsis 22:1 que dice : "Después me mostro un río limpio de agua de vida resplandeciente como cristal, que salía del Trono de Dios y del Cordero".

Creemos que allí probablemente pudo estar la Presencia de Dios.

En el tiempo en el que tuvimos esta experiencia en el Reino de los Cielos, teníamos tanta alegría en nuestro corazón, sentíamos una paz como la que dice la Biblia que sobrepasa todo entendimiento y comprendimos como dice en 1ra. de Pedro 1:4 que hay una herencia incorruptible reservada en los Cielos para todos nosotros.


--- (Sexto Testimonio) ---

Dice la Palabra de Dios en Lucas 22:30 : "Para que comáis y bebáis a mi mesa en mi reino y os sentéis en tronos juzgando a las doce tribus de Israel".

En aquél lugar maravilloso Dios nos permitió observar el salón de recepciones más hermoso que nunca jamás hubieramos pensado que existiera en alguna parte del Universo. Allí en aquel lugar vimos un trono gigantesco con dos sillas en oro puro y piedras preciosas que no existen en ninguna parte de nuestro planeta. Frente a aquel trono gigantesco, se extendía una mesa que no tenía fin, la cual estaba vestida de un mantel blanco resplandeciente, un blanco que no hemos nunca podido ver en la tierra. Sobre aquella mesa había toda clase de manjares delicados y habían uvas del tamaño de una naranja. El Señor Jesucristo nos permitió comer y disfrutar de aquellas uvas. Pareciera increíble, pero todavía conservamos su esencia y su sabor. Es algo tan grandioso, amigo y hermano que tú no te imaginas lo que hay en el Reino de los Cielos ni lo que Dios tiene para tí. También en aquella mesa, Dios nos permitió ver el pan, el maná del que habla la palabra de Dios y pudimos también disfrutar de ello. Muchas cosas maravillosas que no existen en nuestro planeta, nos esperan en el reino de los cielos como una herencia incorruptible. Manjares delicados que no existen, allí estaban. Nosotros disfrutaremos de ellos cuando estemos allá en aquél lugar.
Algo que nos sorprendió era que en aquella mesa, de lado y lado, había sillas cuyos espaldares tenían un nombre escrito. Claramente pudimos leer los nuestros, pero nuestro nombre ya no era el mismo que teníamos aquí en la tierra, sino que era un nombre diferente que ninguno conoce sino Él mismo.

Algo que nos sorprendió y pudimos entender fue lo que dice la palabra de Dios: "No os regocijéis de que los demonios se os sujetan, sino maravillaos, rejocijaos de que vuestros nombres están escritos en el libro de la Vida, que estan escritos en los cielos". Allí habían muchas sillas, había lugar suficiente para todos aquellos que quieran ir al reino de los cielos, también habían sillas que estaban siendo quitadas de aquella mesa, eso significa que hay almas, que hay hombres y mujeres, que hay personas que se cansaron de servile a Dios y que sus nombres son borrados del libro de la vida y quitados de las Bodas del Cordero. Dios también nos permitió ver en aquél lugar a hombres de la Biblia, personajes maravillosos que leemos en las Escrituras. Uno de aquellos personajes que nos asombró fué Abraham, Abraham era un anciano, pero no en su aspecto físico sino en la sabiduría que tenía. Su cabello era completamente blanco, pero eran como filamentos de vidrio, como filamentos de diamante. Pero lo que más nos sorprendió fue que aún era más jóven que nosotros, porque en el cielo todos rejuveneceremos. Sus palabras fueron sorprendentes e inolvidables: Abraham nos dio la bienvenida al Reino de los Cielos y nos dijo que nosotros pronto estaríamos en ese lugar porque la Venida de nuestro Señor Jesucristo se aproximaba a la tierra.




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